Los primeros sorbos de la caña con ruda trajeron las flores del lapacho. Este año, la floración de los árboles se adelantó notablemente y ya se pueden ver sus tonos rosas mezclados con el azul del cielo.
En Corrientes y buena parte del nordeste argentino, la floración de los lapachos suele comenzar levemente entre fines de julio y principios agosto, aunque el momento exacto puede variar de acuerdo con la especie y las condiciones climáticas de cada año.
Vale mencionar que este año, la provincia sufrió uno de los inviernos más fríos de por los menos la última década. Cuando un árbol de clima cálido sufre un frío inusualmente severo o heladas continuas, su sistema interno entra en alerta máxima.
La planta interpreta el frío extremo y persistente como una amenaza real a su supervivencia. Ante el "miedo" a morir congelada, activa rápidamente sus hormonas de floración para liberar semillas lo antes posible y garantizar la continuidad de la especie antes de que el clima empeore. Esta puede ser una de las explicaciones botánicas.
En particular, el lapacho rosado o negro es una de las especies más características de la región y suele comenzar a mostrar sus primeras flores hacia mediados o fines de julio, con una floración que se vuelve más visible durante agosto. Por eso, la aparición de ejemplares florecidos casi completamente durante estos días puede considerarse una señal de floración temprana.
El lapacho es mucho más que uno de los árboles característicos del paisaje correntino: es una postal que cada año anuncia el cambio de estación. De gran porte, tronco robusto y follaje caduco, atraviesa buena parte del invierno despojado de sus hojas hasta que, casi como si guardara un secreto, sus ramas comienzan a cubrirse de flores.
Esa particularidad convierte a su floración en uno de los espectáculos naturales más reconocibles del nordeste y en una de las primeras señales de que, poco a poco, la primavera comienza a asomarse.







